Nací en La Línea de la Concepción, ciudad luminosa, acogedora, y abierta a dos mares eternos. Pasé mi adolescencia y juventud en un lugar del norte de Francia, de  cuyo nombre sí quiero acordarme, donde aprendí y amé la bella lengua de Molière. Actualmente vivo en Utrera, un hermoso pueblo de Sevilla. Soy licenciado en Filosofía Pura, diplomado en estudios avanzados (DEA), y doctorando en Fenomenología de la Vida, en la Universidad Hispalense. He asistido a múltiples seminarios y congresos de Filosofía, siendo conferenciante en algunos de ellos. En el ámbito de las religiones comparadas, he sido ponente hace años en seminarios organizados por el Círculo de Estudios Espirituales Comparados (CEEC), en Arenas de San Pedro, Ávila. Fue aquella una etapa intensa de formación, con experiencias humanas y académicas inolvidables. De esa época recuerdo con gratitud el contacto con profesores de gran talla, que me transmitieron con rigor y calidez el amor al conocimiento. Como eterno aprendiz, de todos he aprendido a ver la grandeza del ser humano. Me considero, aunque suene pomposo, un investigador independiente de la verdad metafísica, la cual, creo, se difracta interculturalmente en muchas vertientes y latitudes, tanto occidentales como orientales. La Suprema Verdad está bien repartida. Aunque mi callado trabajo ha bebido de multitud de fuentes de muy diversa complejidad y naturaleza, no dejo de reconocer de un modo especial la enorme deuda contraída con los grandes clásicos del pensamiento, así como con toda la filosofía contemporánea, y muy específicamente con la fenomenología de la vida del filósofo francés Michel Henry. No obstante, el centro «magnético» de toda mi investigación siempre ha sido el casi hoy olvidado tema del conocimiento de sí mismo, el cual considero «la tarea de mi vida». En un momento dado, y sin saber muy bien cómo ni por qué, mi búsqueda intensa de la verdad metafísica me llevó por los caminos exóticos de la India y Extremo Oriente… Compaginaba entonces por mi cuenta la lectura de Aristóteles, los diálogos de Platón y la figura inigualable de Sócrates con las enseñanzas de Buda, Lao Tse o la filosofía advaita de Shankara, y más tarde con el Shivaísmo no dualista de Cachemira, entre otros. Siempre me ha atraído el camino de la sabiduría, sin olvidar nunca mi referente fundamental : Jesús de Nazaret. Estas escuelas filosóficas de Oriente me brindaban otro concepto de consciencia, cuya base es un no-dualismo experiencial que, si bien es cierto ha existido en la mística judeocristiana, apenas ha pasado al ámbito filosófico occidental, perdiéndose de vista ese modelo o paradigma adual para el pensamiento. En cuanto a mí, hoy puedo decir que el «ajuste» que a lo largo de los años se ha dado, quizás como fruto de ciertos encuentros, convergencias y lecturas comprensivas, ha cambiado mi vida. Hay otra perspectiva en mi modo de ver las cosas. Y sin saber por qué, siento una dicha diaria, una alegría serena sin objeto ni causa, a pesar de los pesares. Por lo tanto, me apasiona desde hace muchos años la realidad no dual de la consciencia más allá de los límites psicológicos y mentales, constatando por experiencia propia su belleza y fuerza liberadora de inútiles sufrimientos. Desde ella y no sin riesgos medito y reflexiono desde hace quince años pública y oralmente, impartiendo de un modo altruista talleres y conferencias-coloquio como filósofo desconocido; sin más pretensiones que la de ofrecer a quien quiera escucharme lo poco que sé y experimento. Felizmente casado y ya abuelo, convivo como puedo con mis problemas y limitaciones de hombre cualquiera, pero en paz, estimando la serenidad como el único lujo verdadero en este mundo confuso. Mi lucha es silenciosa y un tanto poética. No me hago ilusiones, pero reivindico la respiración de todas las culturas.  ¡ Aire, Aire, Aire !

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